Hace algunos años, por motivos laborales, tuve la oportunidad de viajar sistemáticamente a diversas instituciones educativas rurales en diferentes regiones del país. De esta manera pude conocer más entrañable y directamente la realidad de nuestro territorio. Así gocé la maravilla de un recreo escolar al pie del cañón del Colca en Pinchollo (Arequipa), conocí la leyenda del oro que escondió el conquistador Pantoja en Chiliquín (Amazonas), atravesé la niebla intensa para alcanzar la meseta andina de Ayabaca y por fin conocer Pechuquiz (Piura), fui confundido con un karisiri en el jardín del altiplano, Moho, al borde del Titikaka (Puno), tuve entre mis manos un kero inca de granito guardado celosamente en el Instituto Superior Pedagógico de Puquio (Ayacucho), entre otras muchas maravillas que visito en mi memoria constantemente.
Cada vez que debía emprender el viaje consultaba a mis compañeros más experimentados quienes esbozaban para mí el itinerario, las rutas, los horarios, el clima, los cuidados que debía tomar, los lugares que no debía dejar de visitar, entre otros datos necesarios para cumplir la misión encomendada. Como es mi costumbre antes de emprender un viaje a un lugar desconocido, trataba de investigar lo que pudiese en Internet y ponerme en contacto virtual con gente del lugar –en calidad de artista, tenía una fuerte necesidad de buscar relacionarme con la producción artística de la zona y, en el mejor de los casos, entrevistarme con artistas locales. Pocas veces esta búsqueda me entregaba un resultado satisfactorio. Algunos blogs desactualizados, alguna sobrecargada y disparatada web del gobierno regional o la municipalidad del lugar de destino copiaban un par de líneas transcritas de Wikipedia; en el mejor de los casos, indicaban la ubicación al nivel del mar, la densidad poblacional o los nombres de las provincias y algún mapa inservible. Nada igualaba el servicio de “radio bemba” de mis compañeros antecesores o la bulla que cuelga del hombro de los campesinos y acompaña las labores cotidianas. Mis deseos de informarme sobre la comida, las costumbres, las danzas, la geografía, la historia del lugar quedaban insatisfechos. Felizmente tuve la oportunidad de ver estas maravillas que cité anteriormente con mis propios ojos.
Años más tarde, cuando fui tutor de un curso virtual que, precisamente, buscaba promover la creación de blogs por parte de administradores de cabinas de internet a nivel nacional, me di cuenta que los pobladores de estas localidades que atendíamos (esta vez zonas urbanas) no son conscientes de la carencia de contenidos sobre sus contextos y la necesidad imperiosa de su existencia. Esto me resulta curioso en un país que, por su fragmentarismo, exalta las identidades locales y regionales (recuerdo a Flores Galindo). Aquí donde mi amigo Ernesto, cuando le preguntan de dónde es, responde: "De Pomallucay" y no: "De Ancash".
Más curioso es todavía que las completas guías europeas que algunos amigos extranjeros utilizan para moverse cuando están de viaje en estos lares entreguen minuciosos datos de diversos aspectos necesarios para el turista que tiene ganas de conocer intensamente el país. Por supuesto, esta información está reservada a los amigos turistas, está producida directamente en sus idiomas extranjeros y difícilmente, el turista, el investigador, el docente, el curioso nacional accede a ella.
¿Por qué razones nos es tan difícil emprender esta tarea tan divertida, tan edificante, tan necesaria? ¿Por qué no somos capaces de reconocer lo hermoso y valioso que existe aquí frente a nuestros ojos? ¿Quizás porque nos topamos con ello a diario? ¿Tal vez porque su abundancia nos hace parecer que es evidente para todos? ¿Quizás porque nadie nos ha dicho que tiene un valor trascendental, que es lo que somos, que nuestra historia, nuestra realidad personal, barrial, regional es la que construye la historia y el patrimonio nacional? ¿Probablemente porque no hemos desarrollado las habilidades necesarias para producir información, administrarla, contrastarla y difundirla?
Más allá de los blogs, las entradas en Wikipedia, los grupos en las redes sociales, los videos en youtube, que son esfuerzos valiosos pero también aislados, independientes, personales, producidos por héroes anónimos que dedican parte de su tiempo a esta labor, necesitamos esfuerzos institucionales, políticas que estimulen y premien, que certifiquen la información que se pone a disposición en la web, que promuevan la traducción a diversas lenguas nacionales y extranjeras de estos contenidos. Todo esto por una sencilla razón, la literatura oral, las técnicas, las costumbres, la gastronomía, es patrimonio inmaterial, está maravillosamente vivo por esta razón pero, por eso mismo, si no es documentado corre el dramático peligro de desaparecer, tal como dice el Nexus 6 al final de la película Blade Runner1,"como lágrimas en la lluvia".
Enlaces de interés
Jauja, Primera Capital del Perú
Una expedición por la Selva Central peruana
1. Obra maestra del cine de ciencia ficción dirigida por Ridley Scott que narra la historia de un grupo de androides muy semejantes a los humanos que deben ser exterminados por la policía de Los Ángeles en 2019.