Corea y Perú pueden considerarse países que se encuentran muy lejanos uno del otro. Una distancia geográfica se hace evidente, en primer lugar, pero también parecen ser muy lejanos culturalmente. Luego de un mes durante el que ocho estudiantes coreanos visitaron el Ministerio de Educación de Perú, nos damos cuenta de que las diferencias no son tantas.
Nuestros amigos, estudiantes de Ingeniería de la Computación, fueron enviados por la Agencia Nacional para la Sociedad de la Información de Corea para desarrollar tareas de soporte técnico en OFIN y DIGETE. Paralelamente, dictaron un ciclo de charlas sobre cultura coreana a través de las que pudimos conocer un poco más sobre su país, sobre sus costumbres sociales, culinarias, sus expresiones musicales y deportivas; charlas que inyectaron en los participantes el interés por este país con quien Perú continúa estrechando relaciones.
Sin duda, este intercambio sucedido en las oficinas y pasillos del ministerio fue rico en el aspecto tecnológico, pero acaso fue más honda la lección que nos dejó acerca de la importancia de la interacción con el visitante, con el migrante, con el distinto, con el otro.
Corea y Perú son países donde los grupos humanos que los habitan han sido privilegiados por una rica, bella pero también exigente naturaleza, consecuentemente han respondido ante ella con respeto y amor. Tal vez por eso no nos sorprendió cuando estos jóvenes coreanos nos contaron cómo se dirigen a sus padres y abuelos, cómo celebran sus fiestas con juegos, cantos y danzas felices que exaltan la vida. No nos sorprende porque también aquí compartimos ese sentir por nuestros familiares y amigos, aquí también gozamos comiendo en nuestras fiestas suculentos potajes con los frutos de la tierra y cantamos y bailamos hasta quedar exhaustos.
Ésta fue una ocasión para aprender cuán semejantes podemos ser a pesar de las distancias físicas y que aquello que nos diferencia es fantástico que exista; es más, eso es justamente lo que hace a la especie humana distinta de las demás especies animales. Es posible que quienes entienden mal el concepto de globalización pretendan abolir las diferencias, pero ellas son las que nos enaltecen, nos hacen únicos, nos pueden dar motivos de orgullo, son capaces de dar un sentido a las naciones.
Algunas veces, cuando nos comunicamos con otras personas (que hablan otro idioma, cuya apariencia física es diferente o que visten de otro modo…) este encuentro puede provocarnos risa o miedo y entonces podemos ofender o podemos ser víctimas de ofensas. Sin embargo, como fue el caso a través de estas charlas, peruanos y coreanos despertaron su curiosidad por conocerse mutuamente. Así, siempre que somos guiados por nuestros deseos de aprender y de enseñar, el resultado es una alianza, la amistad, la constatación maravillosa de la diversidad que compone la humanidad.
Recordemos siempre que el destino nos ha bendecido con una increíble diversidad cultural, que aquí en nuestro país también conviven naciones que aparentan ser muy distintas; disfrutemos del gozo de descubrir las cosas que nos unen y nos hacen fuertes.