Después de décadas de investigaciones, ¿pueden los niños hacer lo mismo que hicieron sus padres y sus abuelos, como si la investigación psicológica y lingüística, las iniciativas educativas y los avances de la didáctica no existieran?
Introducción
Las investigaciones psicolingüísticas nos han permitido conocer la forma en que los niños pequeños aprenden a leer y escribir y el proceso a través del cual van siendo competentes tanto en la producción como en la interpretación de textos. A partir de estos aportes, se han elaborado propuestas e iniciativas didácticas que destacan la importancia que reviste ofrecer al niño entornos alfabetizadores, es decir, espacios donde se leen y se escriben textos con las mismas finalidades y características que tienen en la vida cotidiana. Esto significa, tener en las aulas la mayor cantidad y variedad posible de textos reales (revistas, recetarios, cuentos, folletos, etc.) de soportes y de instrumentos de escritura. Así, enseñar a leer y a escribir requiere utilizar los textos y los instrumentos que se emplean en la sociedad, entre los que encontramos necesariamente los soportes informáticos.
Por tanto, incluir la computadora en las aulas no es exagerado, inusual o asombroso pues lo que realmente importa es que, entre la amplia gama de textos con los que cuente el niño, estén los que se localizan en la Internet, y entre los soportes e instrumentos de escritura disponga de la computadora. Lo trascendental es que los textos y el acto de leer y de escribir sean el eje central del trabajo en el aula, procurando reproducir las funciones que tienen en la sociedad. De esta forma los niños se van haciendo lectores y productores de textos con sentido. Si en la actualidad la información la encontramos en la web y redactamos usando el teclado, es lógico y necesario que se repliquen en el aula estos usos tanto para escribir como para leer desde el inicio de la escolaridad.
La incorporación de avances tecnológicos no ha sido una constante en la escuela y así muchos elementos han permanecido fuera del ámbito escolar. Por ejemplo, el lapicero era un instrumento común en la vida cotidiana sin embargo no fue permitido en el aula por mucho tiempo; la máquina de escribir con todas sus ventajas de legibilidad, presentación y formalidad en el ámbito social nunca fue adoptada; la calculadora, se utilizaba más a escondidas porque se pensaba que podría arruinar la capacidad de cálculo de los estudiantes; la televisión y los videos, nunca han sido vistos como fuentes de análisis y de reflexión y sólo suelen emplearse como entretenimiento o para ver programas “didácticos”.
Como hemos podido observar, la tendencia de la escuela ha sido permanecer aislada de la vida social, de sus comportamientos, de sus usos y de sus necesidades, viendo los avances tecnológicos como objetos que nada tienen que hacer en el contexto escolar.
En cuanto a la incorporación de herramientas informáticas, en muchos casos se ha realizado de forma empobrecida restringiendo su uso a actividades mecánicas y reiterativas para realizar lo mismo que siempre se ha hecho, sólo cambia el lápiz por el teclado. Este uso, no podrá llamarse nunca “modernización” porque cambiar el papel por la pantalla no significa modernización alguna. Si nada ha cambiado, la capacidad mental sigue sin utilizarse. Una actividad carente de significado lo sigue siendo aunque se use la computadora.
Por el contrario, una escuela que trabaje tomando en cuenta los aportes psicolingüísticos de las últimas décadas trabaja con todo tipo de textos, y, por lo tanto, también con textos provenientes de la red o digitales, maneja diversos soportes e instrumentos de escritura, pantallas y teclados; pero todos estos recursos son utilizados de la misma forma y con la misma función con la que se utilizan en la vida social. En un siguiente artículo veremos los usos del procesador de textos, el correo electrónico y la Internet como fuentes de información e instrumentos de escritura.
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